Lección de ventas de unos gemelos de solo 2 años de edad

No sé si tienes hijos, yo tengo 3. 1, 2 y 3.

No es importante si los tienes o no, pero la lección de ventas que me han dado cada uno de ellos sí que te debería importar.

Y mucho.

Puede ayudarte bastante en tu negocio.

 

Mira.

 

Primero vino la niña de mi corazón, mi inspiración, mi fuerza.

Mis ojos solo la miran a ella entre centenares de millones de personas.

Si la pones en un estadio abarrotado de gente, mi mirada la encontrará sin esforzarme lo más mínimo.

Me costaría más encontrar a Wally en cualquiera de las imágenes donde aparece.

 

Es mi sol y mi aliento.

Mi vida.

 

Luego al ir a por el hermanito vinieron otros 2 hermanitos. No 1 sino 2.

Gemelos, no mellizos. Gemelos de la misma bolsa e idénticos. Aunque yo los distingo.

Me hubiera gustado que se parecieran tanto que ni su porpio padre los pudiera distinguir.

 

Pero bueno, …

… son exactamente iguales para la mayoría de las personas.

 

Y eso les da un poder distinto sobre los demás. Piénsalo.

Supongo, y espero, que cuando sean mayores lo aprovecharán.

Yo lo haría.

 

Bueno.

 

El caso es que cualquiera de ellos 3 me hacen crecer como persona y me enseñan lecciones cada día.

Ya mi hija lo hacía cuando tenía su edad y hace poco me lo recordaron.

Me hicieron revivir lo mismo que me pasó con mi pequeña.

 

Verás.

 

Resulta que como son 2 pues uno al otro se retroalimentan y se van viniendo arriba.

Tienen casi 2 años y esa edad es un poco complicada para todos.

 

El que lo ha vivido me entiende.

 

Pues ellos estaban a sus cosas de camicaces salvajes y asilvestrados y tuve que ponerme en mi lugar.

No quería que se mataran allí mismo.

Es mi trabajo más recurrente desde hace meses, procurar que sigan con vida o no se lesionen para siempre.

 

Te lo he dicho.

Son como pequeños alocados camicaces sonrientes.

 

Pues nada, que me puse serio, pero no me hacían caso y se miraban entre ellos para ver quien lo empezaba de nuevo.

Al final terminaron los 2 llorando porque les impedí, como pude, seguir con su locura de juego.

Se enrabietaron y se retorcían por el suelo.

No querían que les cogiera ni si quiera que les tocara.

 

Nada de nada.

 

No existía un mañana, solo furia y saliva desparramada por todos lados.

 

¿Y sabes que pasó al minuto?

 

Les hice una gracieta y entre lágrimas empezaron a reírse.

Le repetí la broma y ya no paraban reír.

 

Y esta es la lección.

 

A su edad no hay rencor. El rencor lo aprendemos después.

Se ríen conmigo al momento de estar enfadados conmigo.

Mi princesa ya lo hacía.

 

Pues tú debes hacer lo mismo.

 

No debes tener rencor con los que no te compren.

A algunos les gustarás a otros no. No hay rencor. No hay malas palabras. No hay odio ni resquemor interno.

Hay normalidad y aceptación.

Hay risas después de la frustración.

 

Cada uno hace lo que le gusta.

Cada uno hace su vida.

Y eso no te debe molestar lo más mínimo.

 

Si lo aplicas desde ya mismo lo agradecerán tus clientes, tus nervios, tu negocio y por extensión … tu vida.

Puedes creerme o no.

Pruébalo y ya me dices.

 

Juanmi Sellés
juanmi@instintivo.net

 

PD: Si quieres que te ayude a transmitir tu mensaje a las personas que quieres que les llegue, ya sabes que me mandas un email y lo hablamos.

PD2: La curiosidad del día . . . la primera montaña rusa de estados unidos se construyó en 1827 para transportar carbón desde una mina a los barcos que se encontraban debajo.

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